Volver al nido paterno

Como ya les comenté en un post anterior, estuve en proceso de vender todos mis enseres debido al viaje a Milán. Les cuento que ya entregué mi departamento y me mudé a casa de mi padre por un par de semanas, antes de mi embarque.

Fue un proceso agotador esto de desarmar un departamento donde viví más de 10 años, me desprendí de muchas cosas y me quedé con lo esencial. Logré colocar todo en cajas y guardarlas en las bodegas de mi padre y mi hermano: Aunque coticé arrendar una bodega para mis enseres, me di cuenta que no vale la pena pagar por ello y es mejor regalar o tratar de vender todo. Lo que se gasta en arriendo de una bodega es casi lo mismo que comprar todo de nuevo… ¡no me pierdo!

Pero lo más duro ha sido volver al nido paterno, puesto que entregué mi departamento a fines de febrero, los días que me restan en Chile debo pasarlos en casa de mi padre. He vuelto a usar la misma cama que usaba cuando vivía con mis padres, ¾ de 1 plaza con colchón de lana. Pasé de una cama queen size a mi cama de niña… me dolió, literalmente me dolió la espalda la primera noche, hasta las pompas despertamos un poco tiesas. Con el paso de los días me he ido acostumbrando.

Mi cama peueña

Mi cama pequeña

Lo otro es que allí imperan otras reglas y costumbres. Me siento un poco como invasora de los espacios de mi padre, él ya lleva tiempo viviendo solo y de un de repente aparecen 2 personas más, que usan sus cosas, revuelven su orden y hacen ruido en horarios poco habituales (me levanto todos los días a las 6am para ir a trabajar) cuando él ya lleva años jubilado.

Tanto así que la semana pasada mi padre me ha retado fuerte, todo porque quise hacer el bien. Les cuento, estaba ordenando la cocina y me encontré amuñado en papel alusa un pedazo de queque que hace mi hijo, me acordé que ese queque fue hecho hace más de una semana y decidí tirarlo a la basura porque podría tener hongos, pensé: “cómo voy a dejar que mi padre accidentalmente haya comido un pedazo de esto”. Un rato después, al momento de la once, mi padre busca su pedazo de queque y le cuento que lo tiré a la basura. Pues, en vez de agradecerme, me ha retado al menos unos 20 minutos, maldiciéndome y malhumorado con toda la situación. ¡No me habían tratado así desde que era una adolescente!

En fin, ya va quedando poco, solo 2 semanas y ya estaremos en pleno vuelo a Milán.

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